Roma via

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El arco ante ustedes es el de TITO con relieves que representan la derrota de los judíos y la apoteosis de Tito elevado al cielo por un águila. De verdad que papá Vespasiano debió desatar muy satisfecho con su hijo Tito.
Bien. Ahora tuerzan a la derecha para visitar las ruinas de PALATINO, donde Rómulo trazó los legendarios planos primitivos de la ciudad de Roma.
Las minas en si no son demasiado imponentes y tienen mayor valor histórico que estético, pero después de recorrer el foro, en un día de sol, los jardines Famesios y todo el arbolado del Palatino resultan un verdadero oasis.
Ahora el ij a uno de esos añosos árboles que, si vio corretear a Calígula montado en su caballo (Icitatus) al que quiso nombrar cónsul y adornaba con perlas, no se va a asombrar de verlos a ustedes comiendo un modesto sandwich de jamón y queso.
Descansen un rato, pero no demasiado porque en realidad hasta ahora su mayor esfuerzo consistió en identificar cada piedrita con su equivalente en esta guía. Desde los jardines Famesios se disfruta de una magnífica vista sobre las minas del foro. Detrás de los jardines está la CASA DE LIVIA, mujer de Augusto. Por un arco se pasa al patio que estaba parcialmente protegido por un techo sostenido por dos columnas y rodeado de algunas habitaciones que aun conservan hermosos frescos de estilo pompeyano. Las conserva porque, creo que ya no se permite verlos. Los turistas y sus flashes suelen ser más depredadores que las huestes bárbaras.

Roma

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Luego de observar la altura de los muros de las Termas de Diocleciano, intente no acordarse que usted nunca logra calentar lo suficiente su casa porque los techos son ¡demasiado altos!… No se vaya a deprimir pensando que la Iglesia de Santa María de los Angeles cabe enteramente en lo que era el tepidarium y el frigidarium mientras que el Museo ocupa modestamente las instalaciones de servicio.
Tampoco piense en las veces que terminó degollado por afeitarse con agua fría después que su mujer se gastó todo el agua caliente al bañarse. Después de todo con su suerte, de repente si hubiera nacido en Roma en aquellos tiempos, en lugar de ser un ciudadano disfrutando de las termas, sería uno de los esclavos encargados de alimentar los hornos subterráneos. El gas de dichos hornos subía por los conductos incluidos en los muros y antes de escapar por las chimeneas caldeaba los ambientes que así, recibían calor de abajo y de los costados. El agua caliente en cambio circulaba por el sistema de termo sifón. La parte de las termas destinada a los deportes se llamaba la palestra. Fundamentalmente se practicaba allí la lucha con el cuerpo desnudo untado de aceites, y distintos tipos de j uegos de pelota. Se conocen variedades arqueológicas de la pelota vasca, el basket ball, rugby, etc. etc. También se hacía pesas y se entrenaba con el puching ball.