Roma turismo

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Bien. Salgan del Museo, crucen la plaza y tomen por la Vía Nazionale, una importante arteria comercial que desemboca en la zona arqueológica más importante de la ciudad. Al culminar la calle, bajando unos escalones verán a su izquierda el MERCADO DE TRAJANO. Una rápida recorrida por el mercado tiene el inconveniente de que el precio de la entrada no varía para nada por más rápido que la recorran. Para peor, el billete no les sirve para entrar a ningún otro monumento. Eso solo sucedía en Toledo y ustedes están en Italia ahora. Así que dejen de aferrarse a su billete como si se tratara de su primera afeitada y recorran el mercado. Como verán, vale la pena aunque más no sea para disfrutar al fin de unas ruinas que no estén cubiertas de molestos turistas trepando por todas partes. Pues misteriosamente el mercado está fuera de los circuitos turísticos habituales. Solo Dios sabe porqué.
El edificio en sí es un gran hemiciclo de ladrillo que constaba de cinco pisos que alojaban a 150 locales dónde se vendía… por ejemplo… Miren. Para darles una idea de lo que se vendía allí les voy a trascribir el menú de una cena de la época de Nerón. Los entremeses consistían en lirones aderezados con miel y adormidera, salchichas sobre parrilla de plata debajo de la cual se colocaban ciruelas de Damasco y granos de minglana para darles un poco de gusto. Para los que no gustaban de los chorizos algo ordinarios a pesar de la mingalana había papafigo envuelto en yema picada sazonada con pimienta. Eso para comenzar. Luego venía el plato principal que comprendía ternera con garbanzos, criadillas, matriz y tetinas de cerda joven, cangrejos, salmonetas, liebre y por supuesto jabalí adornado con dátiles secos y frescos.
Luego para postre…. O sea que si algún día su mujer le empieza a dar a aquello de: “No sé que cocinar para la cena “, usted ya tiene una lista de opciones para sugerirle.
Ahora si se les está haciendo agua a la boca pensando en su próximo almuerzo, siento informarles que el menú turístico en Italia es de una gris monotonía. Comerán vitello y pollo arrosto, o pollo arrosto y vitello, lo cual en el término de un mes es capaz de volver vegetariano al propio hombre de Cromagnon.
Volviendo al mercado, en la planta baja junto al foro, se vendían flores y frutas. En las salas abovedadas del primer piso se almacenaba el vino y el aceite. Más arriba se ofrecían especias de todo tipo, principalmente pimienta En el cuarto piso se alojaban las oficinas imperiales de asistencia social mientas que en el último estaban los viveros de pescaderías que recibían las aguas por canales desde el acueducto