San Galle

San Galle y la ascensión de salida
San Galle es el lugar perfecto donde terminar una jornada. Es un bolsón de frondosa vegetación donde se encuentra una fuente termal que brota de la ladera de la montaña. Sólo hay unas pocas casas diseminadas, pero en los campos aterrazados crece una extraordinaria variedad de plantas. Junto con el ubicuo cactus, coexisten aguacates y plantas de algodón, papayas y bananas, limoneros y bosquecillos de bambú, alfalfa, higos y hasta palmeras.
Cuando cayó la noche, la naturaleza nos recordó su poder al sacudir la tierra y producir un deslizamiento de rocas y polvo que descendieron por el acantilado hasta el fondo del cañón. Los aldeanos viven bajo la amenaza constante de la actividad sísmica, pero estos corrimientos de tierra les preocupaban porque estaban haciéndose cada vez más frecuentes. Mi propia preocupación inmediata, sin embargo, no eran los corrimientos de tierras, sino la prolongada ascensión de regreso para salir del cañón a la mañana siguiente.
Decidimos que sería mejor emprender la marcha con la fresca, así que a las cuatro de la madrugada ya estábamos en el camino, mucho antes de que saliera el sol. Caminamos lentamente, aunque ahora ya estaba yo acostumbrado a la altura. Disponíamos de dos horas antes de que amaneciera y de otra hora antes de que las sombras desapareciesen del camino. Durante la última hora empezó a hacer calor, pero logramos llegar a la cima sin problemas a las 8.00 horas. Me sentí entusiasmado al contemplar desde allí el fondo del cañón y ver a lo lejos los diminutos pueblos de la orilla opuesta. Había caminado todo aquel largo trecho. pensé, y sonreí para mis adentros.
La parte superior del camino está a unos 20 minutos a pie del pueblo de Cabanaconde Aunque se trata de una población diminuta, resultaba ruidosa en comparación con los pueblos del cañón y a ambos lados de la carretera se veían bolsas de plástico, cristales rotos, baterías, zapatos viejos y huesos de animales. El tramos en el pueblo, cubiertos de polvo y cansados, cuando otros turistas apenas empezaban a salir soñolientos de los albergues. Y me pregunté si alguno de ellos sería lo bastante afortunado como para aventurarse por este cañón mágico.