SCUOLA DI SAN ROCCO
En fin. Comidos y descansados pasen a la vecina SCUOLA DI SAN ROCCO, construida a partir de 1515. Tiene una fachada típicamente renacentista, llena de columnas corintias, frisos alegóricos, etc. etc.). La Escuela funcionaba como Hospital de Caridad, consagrada a San Roque de quien se decía que poseía el don de curar la peste. Dada la importancia de ese efecto terapéutico, los venecianos no vacilaron en robarse los restos mortales del santo que estaban en Milán, donde a su vez lo habían robado desde Montpellier.
Imitando a los romanos que solían bromear diciendo “encerrad a vuestras mujeres que se acerca Julio César el mujeriego”, en otras partes dirían “encerrad vuestros santos que pasan los venecianos” conociendo la voracidad necrológica de éstos
En el lujoso gran Salón de techos artesonados se pueden admirar 56 telas del interminable Tintoretto. Se pueden admirar, sí, pero arriesgando pescarse una tortícolis. Según el estado de sus vértebras y su bolsillo alquilen o no un espejo para mirar el techo cómodamente.
En la Sala del Albergo se exhibe la Crucificción del mismo Tintoretto, una pintura que él consideraba como la mejor que jamás había hecho.
Muy bien. Regresen al Gran Canal y tomen el vaporetto hasta el Puente del Rialto cuya descripción encontrarán en las páginas correspondientes a su llegada a Venecia.
Caminen por esa bulliciosa zona comercial y atraviesen el Puente ojeando sus comercios. Ojeando, dije claramente. Tengan cuidado con las tentaciones porque ustedes están entrando en el período más crítico de su viaje desde el punto de vista de las compras.
El turista, en ese sentido, suele atravesar distintas etapas que se van agravando a medida que se acerca el final de sus vacaciones.
La primera etapa, a su llegada, se caracteriza por el horror que sienten cada vez que ven un precio en alguna vidriera. Todo lo traducen a dólares y los dólares a pesos. Luego de finalizadas las operaciones comúnmente se suele exclamar: ¡Pero es un fuego! ¡No se puede comprar ni una triste caja de fósforos!
La etapa siguiente se reconoce porque las operaciones matemáticas se han simplificado. Ya el peso no se recuerda y las conversiones se limitan al dólar y con generosos redondeos. Es habitual terminar la operación con un: “Ssssssi… es caro, pero en Buenos Aires es mucho más caro y menos lindo”
En la etapa final, que es laque ustedes están sufriendo, ya el peso y el dólar han pasado a mejor vida. La expresión común es:
“¿Viste que no es nada caro?” Suele ir precedida por una lista de las personas para los que aún no se ha comprado regalo alguno.

