Roma
Luego de observar la altura de los muros de las Termas de Diocleciano, intente no acordarse que usted nunca logra calentar lo suficiente su casa porque los techos son ¡demasiado altos!… No se vaya a deprimir pensando que la Iglesia de Santa María de los Angeles cabe enteramente en lo que era el tepidarium y el frigidarium mientras que el Museo ocupa modestamente las instalaciones de servicio.
Tampoco piense en las veces que terminó degollado por afeitarse con agua fría después que su mujer se gastó todo el agua caliente al bañarse. Después de todo con su suerte, de repente si hubiera nacido en Roma en aquellos tiempos, en lugar de ser un ciudadano disfrutando de las termas, sería uno de los esclavos encargados de alimentar los hornos subterráneos. El gas de dichos hornos subía por los conductos incluidos en los muros y antes de escapar por las chimeneas caldeaba los ambientes que así, recibían calor de abajo y de los costados. El agua caliente en cambio circulaba por el sistema de termo sifón. La parte de las termas destinada a los deportes se llamaba la palestra. Fundamentalmente se practicaba allí la lucha con el cuerpo desnudo untado de aceites, y distintos tipos de j uegos de pelota. Se conocen variedades arqueológicas de la pelota vasca, el basket ball, rugby, etc. etc. También se hacía pesas y se entrenaba con el puching ball.

