Torcello
Para aquellos que se interesan más por la arena que por Visconti, seguramente las playas no son nada del otro mundo y para mejor están en su mayoría reservadas por los hoteles. De entre estos los más famosos y fotografiados son el Hotel Des Bainsy el imposible neo-bizantino Exelsior.
En realidad, si yo tuviese que optar, en lugar del Lido iría a visitar TORCELLO, una especie de ciudad-cadáver que aún conserva de su glorioso pasado la Iglesia de Sta. María Madre de Dios y Santa Fosca rodeada de una galería aporticada. Mirándola se pueden hacer una idea de cómo debió ser la primitiva construcción de la Basílica de San Marco de la misma época (860, ampliada en el 1008).
Habiendo descansado y luego de cambiarse de ropa (o no), salgan del Hotel y bordeando la Procurado Vecchie intenten dirigirse al Oeste. Luego de varios intentos infructuosos con la práctica que ya habrán adquirido, sin duda lograrán llegar a LA FENICE
De los primitivos teatros que había en la ciudad, y a no queda ninguno a pesar de que el espectáculo, de la mano de Goldoni, había adquirido una enorme popularidad. Según decía un contemporáneo “para oír a un actor célebre el pueblo escalaba muros, echaba abajo puertas y salvaba de un salto los canales” Y aunque uno no puede dejar de sospechar que el testimonio debía ser de un cercano pariente de dicho actor, igual es seguro que el veneciano gustaba del teatro. Tanto Palladio como Sansovino habían construido teatros que luego fueron demolidos. La música, otra pasión de los venecianos, pronto se mezcló con la representación teatral dando origen a la ópera. Y tan fanáticos se volvieron los venecianos de este género que hasta llegaron a llamar a cierto año “el año de la Todi” tan solo porque durante su transcurso la famosa soprano portuguesa había cantado en Venecia.
El Teatro de la Fenice recién fue inaugurado en el año 1792. De todos modos logró incendiarse de manera que en el 1836 solo quedaban sus cimientos. Enseguida fue reconstruido respetando el estilo recargado de tallas doradas y estucos que ustedes están viendo ahora. Y como las luces se están apagando disfruten del espectáculo.
Bueno. Su señora tiene razón. Usted no tenía ninguna derecho a decirle eso. ¿Cómo iba a saber ella que lo que daban era el Fausto de Goethe en versión integral y no la ópera Fausto de Gounod? Si usted hubiera disfrutado como ella cuando la actriz dijo “prego” no seguiría rezongando por los cuarenta dólares que pagaron por las entradas. Un precio regalado considerando que la versión en italiano antiguo duró casi cuatro horas y media.
Pero no se preocupen. Se dice que para que los turistas se lleven un buen recuerdo de la ciudad, en Venecia todas las camas matrimoniales en todos los hoteles tienen caída hacia el centro. Imposible no hacer las paces en esas circunstancias.
Buenas noches.

