Turismo roma

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Una vez adentro, tras haber cumplido con su deber, verán a su derecha las ruinas de la BASÍLICA EMILIA, una construcción de ladrillo en cuatro naves (siglo U) que servía para reuniones de negocios y la administración de la justicia. Dos funciones éstas que con alarmante frecuencia suelen ir de la mano también ahora.
Solía estar rodeado de pórticos y aun se pueden ver las huellas del incendio que la destruyó. Al lado de la Basílica, el edificio de proporciones poco graciosas es la CURIA, dónde funcionaba el Senado romano. Luego que se la libraron de las obras que la habían disfrazado de iglesia, quedó muy aproximadamente con su aspecto original. Se pueden apreciar el revestimiento de mármol y los rellanos donde se ubicaban los escaños de los senadores. Aunque se supone que la erigió Tulio Ostilio y la reedificaron Sila, Julio César y Dominiciano, popularmente se la asocia con Julio César. Tal vez porque él supo morir allí con otra frase célebre: “Tu también, hijo mío Brutus”. Se refería, claro, a su hijo bastardo Bruto, quién lo apuñaló junto con los demás conspiradores, para que todos fuesen igualmente responsables de su muerte. Un estratagema que utilizaría Agatha Christie en su famoso “Crimen en el Orient Express”. Los funerales que siguieron a su asesinato fueron los más solemnes que recuerda Roma pues era muy amado por su pueblo y por sus soldados. Tal vez excesivamente amado por éstos últimos, de donde aquél malicioso dicho que lo llamara: “el marido de todas las esposas y la esposa de todos los maridos “. Según Suetonio, el gran chismoso de la época, Julio César comenzó su carrera como amante del rey de Bithnia, aunque luego matizó su vida sexual con cuatro casamientos e innumerables concubinatos. Entre los más notorios, con Cleopatra, un verdadero símbolo sexual de esos años. Todo eso a pesar de su reluciente calva que le dio el sobrenombre de “moechus calvus ” (calvo mujeriego).
Se sabe que el pueblo conmovido cantaba en su funeral una canción que, aunque era de data muy anterior, parecía haber sido escrita a propósito para esa ocasión:
“¿Los he salvado solo para que me perdiesen?”

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Antes de bajar al foro observen los dos edificios que flanquean la Plaza del Campidoglio. A la derecha se alza el PALACIO DE LOS CONSERVADORES, realizado en el siglo XVI sobre el proyecto de Miguel Ángel. Contiene algunas bras importantes, notoriamente la Loba Capitalina, símbolo de Roma. En el renacimiento se le agregaron los gemelos Rómulo y Remo para satisfacer sus frustrados instintos maternales. También allí está la estatua de Carlos de Anjou atribuida a Amolfo di Cambio, la Venus del Esquilino, etc. etc. Esto se los digo para acrecentar su cultura general y no para incentivarlos a que entren al museo. Porque seamos sinceros: si ustedes se ponen a meter nariz en cuanto museo hay en Roma se van a pasar los cuatro días de su estadía planchados entre cuatro paredes. Así que ignoren con un suspiro de resignación la excelente PINACOTECA PALATINA que se eleva al otro lado (con algunos memorables Van Dyck, Tintoretto, Velázquez, etc.) y suban a visitar la IGLESIA DE SANTA MARÍA IN ARACOELI. Esta fue edificada en el año 1250 en estilo románico-gótico. Se supone que es en este lugar donde la Sibila Tiburtina le habría augurado a Augusto la llegada de Jesús. Se accede a la iglesia por la escalinata construida por los romanos en 1348 en agradecimiento por haberse librado de la peste. Ante tamaño favor podían haber hecho una escalera más cómoda y después de todo ¿antes del 1348 como diablos subían hasta allí? Desde arriba se disfruta de una excelente vista de la Piazza del Campidoglio y su pavimentación. La roca desnuda que se eleva a la izquierda de la calle del Teatro Marcello es la Rupe Tarpea de donde se arrojaba al vacío a los traidores. Recibe su nombre de la hermosa Tarpeya quién le habría dicho a los sabinos cómo llegar a la roca. ¿Para qué querrían los sabinos llegar a una roca tan antipática? Quién sabe. Incluso dudo que Tarpeya fuese tan hermosa (porque al parecer basta tener una muerte novelesca para obtener certificado de belleza). Pero fea o hermosa, Tarpeya fue la primera en dar el obligado salto al vacío desde la roca.

Roma turismo

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Bien. Salgan del Museo, crucen la plaza y tomen por la Vía Nazionale, una importante arteria comercial que desemboca en la zona arqueológica más importante de la ciudad. Al culminar la calle, bajando unos escalones verán a su izquierda el MERCADO DE TRAJANO. Una rápida recorrida por el mercado tiene el inconveniente de que el precio de la entrada no varía para nada por más rápido que la recorran. Para peor, el billete no les sirve para entrar a ningún otro monumento. Eso solo sucedía en Toledo y ustedes están en Italia ahora. Así que dejen de aferrarse a su billete como si se tratara de su primera afeitada y recorran el mercado. Como verán, vale la pena aunque más no sea para disfrutar al fin de unas ruinas que no estén cubiertas de molestos turistas trepando por todas partes. Pues misteriosamente el mercado está fuera de los circuitos turísticos habituales. Solo Dios sabe porqué.
El edificio en sí es un gran hemiciclo de ladrillo que constaba de cinco pisos que alojaban a 150 locales dónde se vendía… por ejemplo… Miren. Para darles una idea de lo que se vendía allí les voy a trascribir el menú de una cena de la época de Nerón. Los entremeses consistían en lirones aderezados con miel y adormidera, salchichas sobre parrilla de plata debajo de la cual se colocaban ciruelas de Damasco y granos de minglana para darles un poco de gusto. Para los que no gustaban de los chorizos algo ordinarios a pesar de la mingalana había papafigo envuelto en yema picada sazonada con pimienta. Eso para comenzar. Luego venía el plato principal que comprendía ternera con garbanzos, criadillas, matriz y tetinas de cerda joven, cangrejos, salmonetas, liebre y por supuesto jabalí adornado con dátiles secos y frescos.
Luego para postre…. O sea que si algún día su mujer le empieza a dar a aquello de: “No sé que cocinar para la cena “, usted ya tiene una lista de opciones para sugerirle.
Ahora si se les está haciendo agua a la boca pensando en su próximo almuerzo, siento informarles que el menú turístico en Italia es de una gris monotonía. Comerán vitello y pollo arrosto, o pollo arrosto y vitello, lo cual en el término de un mes es capaz de volver vegetariano al propio hombre de Cromagnon.
Volviendo al mercado, en la planta baja junto al foro, se vendían flores y frutas. En las salas abovedadas del primer piso se almacenaba el vino y el aceite. Más arriba se ofrecían especias de todo tipo, principalmente pimienta En el cuarto piso se alojaban las oficinas imperiales de asistencia social mientas que en el último estaban los viveros de pescaderías que recibían las aguas por canales desde el acueducto