Chivay

Otras actividades
• Vale la pena pasar una mañana en Cruz del Cóndor para ver mejor las magníficas aves que han dado nombre a este lugar.
Es posible organizar excursiones más largas que recorran otras zonas de la región del Colca. Entre ellas se incluye subir al monte Mismi o caminar hasta la fuente del más remoto afluente del Amazonas.
El descenso en balsa por aguas bravas puede hacerse por el Colca desde Chivay. La temperatura es de dos grados y la salida suele durar de una a tres horas. También se practica rafting por el río Majes, que forma parte del Colca tras la peligrosa sección del cañón, en un viaje de dos días de duración que se organiza desde Arequipa o Chivay.
Las aguas termales de las afueras de Chivay son un lugar excelente para relajarse después de una larga caminata.

Cañon de colca arequipa

Una larga marcha de descenso hasta el río

Iniciamos la excursión antes de las nueve de la mañana, pero la temperatura ya había empezado a subir. Organizamos las mochilas y paquetes, extendiendo capas de ropa y encontrando espacio para los comestibles. Después de unos pocos metros de terreno llano está el borde del cañón y la cabecera del sendero, marcada por una pequeña cruz blanca. La vista es impresionante y contemplé este valle rodeado por magníficas montañas. Descubrí entonces el estrecho sendero que serpentea su descenso por entre el lado de los acantilados, aunque debido a la forma de las rocas desaparecia de la vista por debajo de nosotros. Puede verse hasta remotos pueblos en el lado norte del cañón, por donde no pasan carreteras y, en la distancia, aferrado a la ladera de las montañas. Bomboya, el pueblo de Tapay, donde pasaríamos la primera noche. A lo largo, hacia el oeste y situados auna altura ligeramente inferior, están los pueblos de Coshñihua y Malata, hasta donde nos llevaría el camino al día siguiente.
Empezamos a caminar a partir de una altura de 3.200 metros, descendiendo hacia el río del cañón, a mil metros por debajo de nosotros. La vegetación escasea, pero entre las rocas y la arena han echado raíces altos cactus cilindricos y espinosas plantas de yuca. Observé dos especies diferentes de colibríes, que se alimentaban alternativamente de la misma rama de flores de yuca: uno que no pude identificar era diminuto y el otro, de 23 centímetros es el colibrí gigante, el más grande del mundo (Patagona gigas) que, aparte de su notable tamaño, tiene un vuelo característico, similar al de una golondrina.
A medida que el sendero descendió, el día se hizo más caluroso, las rocas más peladas y mi mochila cada vez más pesada. Mi único consuelo era que las pocas personas que ascendían por el sendero, parecían más acaloradas y cansadas que yo, hecho nada sorprendente, por otra parte. Algunas habían emprendido el camino sin guía y aprovecharon la oportunidad para preguntarle a Iván sobre la ruta que les esperaba. Todas ellas, a pesar de sus diversos grados de buena forma física, reconocieron que ésta era una de las mejores excursiones que habían hecho jamás. Me sentí algo aliviado al ver a los que se esforzaban por subir, pero mi propio agotamiento no tardaría en aparecer. Dos horas y media después de iniciar el descenso seguíamos bajando y, aunque ya divisábamos el río, no por ello parecíamos estar más cerca. La última media hora se hizo interminable. Cruzamos el río sobre un puente en suspensión de aspecto precario y nos dejamos caer en un rincón, a la sombra de la cara de una roca. A pesar de la sombra hacía un calor asfixiante con una temperatura que se elevaba muy por encima de los 30 °C. Almorzamos pan seco, manzanas, queso y unos bizcochos y bebí con avidez de mi reserva de agua.