Paseando por Venecia Italia

Retomen al vaporetto y, dos paradas más adelante, apéense en la ACADEMIA museo instalado en el convento de Sta. María de la Caridad del siglo XV, con fachada del siglo X VIH.
¡¡¿Un museo?!!
Y sí. Es un buen museo, pero es un museo al fin. Pero ¿ustedes al final qué pretenden? Están en Italia ¿no? Cuando vayan a Suiza se hartarán de montañas y lagos. En Italia están condenados al arte, así que dejen de refunfuñar y visiten rápidamente la ACADEMIA. Nuevamente se trata de un museo excelente dedicado casi exclusivamente a la escuela veneciana.
Naturalmente ustedes nuevamente se encontrarán abocados a la cruel duda entre recorrer en el sentido etimológico de la palabra todo el Museo o dedicarse tan sólo a algunos cuadros famosos.
En una u otra eventualidad compren el catálogo. Ya para saber que es todo lo que apenas entrevieron, por correr enloquecidamente de un salón a otro, ya para enterarse de lo que ni siquiera llegaron a ver por concentrarse frivolamente en algunos pocos cuadros. En este último caso seguramente querrán ver la sala X donde se exhibe la monumental “Fiesta en la Casa de Levi” del Veronese. Si bien el nombre verdadero del cuadro es “La última Cena “. Parece que ante las protestas del Vaticano por la inclusión a la cena de una cantidad de colados (perros, enanos, bufones y alemanes borrachos) Veronese prefirió cambiarle el nombre antes que eliminar las figuras no invitadas.
Más prudente con sus liberalidades históricas, en la misma sala, Tintoretto exhibe su conocido “Traslado de los restos de San Marcos”.
La sala XI tiene más Veroneses y Tintorettos además de algún memorable Tiépolo. La joya de la sala XX es la maravillosa “Procesión” de Giovanni Bellini que muestra como solía ser la Piazza antes de la construcción de las Procuratie. Por ahí está también el “Milagro de Santa Cruz ” de Carpaccio, mostrando las antiguas góndolas acechando probablemente a los antiguos turistas junto al viejo puente de madera, antepasado del de Rialto, que ustedes conocen.
En la sala XXI, si les interesa conocer al Rey de Inglaterra, podrán verlo en el famoso cuadro de Carpaccio “La leyenda de sta. Úrsula”. En la sala XXIV en cambio se expone una de las mejores pinturas de Tiziano: “La Presentación en el Templo”. Huyan del Museo y vuelvan al vaporetto para descender luego de la segunda parada frente al Palazzo Dándolo. Tomando en forma perpendicular al Canal, hay cierta posibilidad de que lleguen sin mayores rodeos al Campo dei Frari donde se eleva la iglesia gótica de I FRARI (Hermanos Franciscanos).
Esta Iglesia, junto con la de los santos Juan y Pablo, se consideran dos de los más acabados ejemplos del gótico veneciano. Sin embargo es difícil imaginarse algo más alejado del espíritu veneciano que esos muros de ladrillo despojados, con cierta reminiscencia fabril. Un espíritu tan inclinado a la ostentación y el lujo que incluso el Senado se sintió obligado a dictar leyes contra el lujo del vestuario, los peinados y las joyas. Y cuando los tres inspectores “alie pompe” que instituyó una ley del 1533 intentaban requisar las joyas de alguna dama elegante, éstas les entregaban perlas falsas, reservándose las verdaderas para otras ocasiones.
Como diría plañideramente el Senado en un decreto de 1504… “entre todos los gastos superfluos e inútiles que hacen por vanidad las mujeres, el más ruinoso para nuestros burgueses es el de cambiar frecuentemente de manera de vestirse”. Esta hermosa máxima digna de un Dante, lamentablemente no figura en ningún poster que usted puede llevar a su casa, pero por si acaso no estará de más que las subraye aunque sea en esta guía, a modo de mensaje subliminal a su esposa.

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Bien. Suban ahora por la Scala d’ Oro al segundo piso hasta el Atrio Cuadrado donde se expone una pintura del Tintoretto, maestro del claroscuro y que influenciara poderosamente a su discípulo El Greco.
De allí se pasa a la Sala de las cuatro puertas, proyectada por Palladlo. En el techo hay frescos del Tintoretto y sobre los muros (entre otros) del Tiziano.
De allí se pasa a la Sala del Anticolegio, antiguamente sala de espera. Las estatuas sobre la puerta son de Vittoria, y la hermosa chimenea de Atlantes pertenece a Aspetti. Sobre las paredes hay una serie de cuatro pinturas mitológicas del Tintoretto. Sobre el muro del fondo el famoso “Rapto de Europa” del Veronese.
La Sala del Colegio se destinaba a la audiencia de los embajadores. El techo muestra 11 paneles pintados por el Veronese en su estilo algo excesivamente decorativo. Sobre el trono ducal otro cuadro del Veronese (el dux Venier agradeciendo a Cristo la victoria de Lepanto) y sobre las demás paredes cuadros alegóricos del Tintoretto.
En la siguiente sala se reunían los senadores de la República, por lo cual se le llama algo obviamente como Sala del Senado, o con más imaginación “Sala dei Pregadi”, porque era costumbre del Dux llamar a los senadores desde la sala de las 4 Puertas.
Les diría algo como “Prego, signori. ” o vaya uno a saber qué De ahí. conjugación mediante lo de Pregadi. El techo artesonado es de gran riqueza y muestra una Apoteosis del Tintoretto. Sobre las paredes, más cuadros del Tintoretto, Andrea Vicentino, etc.
Ahora regresen a la Sala de las 4 Puertas y de allí pasen a la Sala del Consejo de los Diez, donde funcionaba el tribunal encargado de juzgar los delitos políticos. Este simpático Consejo había sido instituido excepcionalmente a raíz de la conjura de Baiamonte Tiétolo en el 1319. Pero como muchos organismos excepcionales de antes y de ahora, pronto adquirió credenciales de permanencia. Para hacerlo aún más familiar a tiempos presentes, contaba además con una policía secreta sumamente eficiente. Además de dos Veronese tiene unos pasadizos escondidos que unían la sala con las oficinas y las prisiones.
Antes de pasar a la Sala de Armas podrán ver la Bocea di Leone (Caja de Denuncias) con sus dos cerraduras, pues debía ser abierta simultáneamente por dos magistrados.
En la Amería se exhiben la armadura del Gattamelata, la de Enrique IV de Francia y el Cinturón de Castidad de la probablemente poco confiable señora de Padoa.
De allí, bajando por la escalera de los Censores se llega al piso de las grandes salas del Escrutinio y del Consejo Mayor.
La majestuosa Sala del Consejo Mayor de 52 x 23 metros tuvo en su origen frescos de Bellini, Carpaccio, Pisanello, Gentile de Fabriano, Tiziano, Veronese y Tintoretto. Luego del incendio de 1577 que destruyó completamente las obras, el Veronesey un interminable Tintoretto de 70 años volvierona decorar la sala.
El Paraíso de 22 metros por 7 es una de las telas más grandes que jamás se hayan pintado. En el plafón, la Apoteosis de Venus es una de las mejores obras del Veronese. Bajo el techo hay un friso con los retratos de todos los dux, casi todas obras del Tintoretto. En el lugar que corresponde a Faliero hay un paño negro, de lo que se deduce que fue el único decapitado.

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Bien. Ahora entren al Palacio por la majestuosa Puerta DELLA CARTA construida por Giovanni Buono (1400) en un estilo gótico florido. Contrariamente a lo que ustedes piensan, la puerta no se llama así porque el dux se entretenía en timbear bajo ella, sino porque es allí donde se exponían los decretos.
El patio es un excelente ejemplo del estilo renacentista ricamente decorado de estatuas, en particular la fachada del fondo. Esta construcción siguió al gran incendio de 1483 que destruyó gran parte del Palacio. A cada lado del arco de entrada (llamado Arco Foscari) hay réplicas del Adán y Eva de Rizzo. Fue en este patio donde se decapitó al dux Faliero a quien su preocupación por los cuernos le hizo perder la cabeza.
Frente a ustedes la Escalinata de los Gigantes (proyectada por Rizzo)con las estatuas de Marte y Neptuno obra tardía de Sansovino (1554) que de pronto pueden resultar algo desproporcionadas. Aunque hay que recordar que en el rellano alto de la escalera se realizaba la solemne ceremonia de la investidura del Duque con toda su pompa lo cual seguramente se ensamblaba mejor con la obra de Sansovino que los turistas japoneses con sus máquinas de video.
De la Galería, la Scala d ‘Oro conduce a los Departamentos Ducales que sólo conservan de origen el rico artesonado de los techos y algunas chimeneas de los Lombardo. Esta escalera fue diseñada por Sansovino (1556) y debió ser (mal) reparada varias veces. Se salvaron de las restauraciones los grupos escultóricos de Aspetti, en cambio la sufrieron, en distinto grado, los frescos de los recuadros y la bóveda.
Una vez arriba, se visitan sucesivamente la Sala de los Scarlatti (antesala de los consejeros ducales que vestían de escarlata), la de los Mapas, la Sala Grimani, la de los Estucos y la de los Filósofos (llamado así por unos cuadros que ya no están). Luego sigan a través de tres salas que actualmente funcionan como pinacoteca. Entre muchas obras se destacan algunas excelentes de Jerónimo Bosch. Se destacan porque son buenas, y porque no son venecianos. Como verán están en una ciudad muy localista y la mayoría de los trabajos que decoran el Palacio Ducal en particular, y los demás edificios en general, son de la escuela veneciana.
La pintura veneciana que descubrió el renacimiento algo tardíamente, tiene algunas características bien individualizables. Por ejemplo un empleo exhuberante del color. Doménico Veneziano (1445) a quien ustedes vieron en la Galería de los Oficios pero no se acuerdan, fue adoptado como maestro por los Impresionistas justamente por su sentido del color.
Lamentablemente de este Doménico Veneziano no queda mucha obra debido a su aficción al laúd.
No. No es porque perdiera demasiado tiempo con la música sino porque fue asesinado a golpes de laúd y un trozo de plomo. Según parece Doménico compartía con Andrea Castagno el gusto por la pintura, el laúd y las novias (las de cada uno). Andrea Castagno es el de la Anunciación de Santa María Novella en Florencia. ¿Tampoco se acuerdan? ¿Pero ustedes están seguros que estuvieron en Florencia?
Este Castagno, hombre de muy mal carácter, se fingía amigo de Veneziano pero en el fondo estaba torturado por los celos (por la pintura, no por la novia). Así que un día que Doménico había salido adarle serenatas a la novia con el laúd, Castagno lo esperó en una esquina oscura y lo asesinó con su propia arma musical. Cosa que confesó en su lecho de muerte años después.
Otro rasgo característico de la pintura veneciana es su sensualidad. Lejos de las figuras angelicales de un Botticelli o de los fríos estudios anatómicos de un Miguel Ángel, los personajes del Tiziano o el Tintoretto apenas esconden una carne mórbida y voluptuosa. El cuerpo ya no es un sostén para los pliegues de túnicas de lienzo. En Venecia el cuerpo es el continente que moldea las telas, que son, además, de ricas texturas y elaborado diseño En resumen. El veneciano se muestra en sus pinturas tal como es: de buen comer, buen sexo y buen vestir.