Versailles

No. No para volver al hotel. Simplemente para comer algo antes de tomar el tren 05 que los transportará a VERSAILLES.
Si Luis XIV en lugar de nacer ser humano hubiese sido concebido como un edificio, sin lugar se hubiese reencarnado en Versailles. Pocas vecVersailleses se tiene la oportunidad de contemplar una tan absoluta simbiosis entre una personalidad y su entorno como en Versailles.
El enorme castillo y los jardines son el culto a la personalidad hecho arquitectura. Todo se subordina a una voluntad omnipotente. ¿Qué importa que el terreno pantanoso sea inadecuado para semejante edificación?
A Luis XII el lugar le traía recuerdos agradables. Así que allí marcharon ejércitos de obreros, para drenar, apisonar y preparar el sitio donde se instalaría la corte que consistía de unas escasas 20.000 personas cuya función primordial era adular, servir y defender al monarca.
La vida personal de Luis XIV y la etiqueta que regía sus funciones diarias, se convirtieron en función del Estado.
Por otra parte se comprende que necesitara un lugar amplio para conciliar su complicada vida privada. Por un lado estaba su mujer María Teresa con el Delfín. Por otra parte Luisa de la Valiere que le dio cuatro hijos naturales hasta que un día dándose cuenta de que vivía en pecado se refugió en un convento. Tal vez influyó en su decisión el hecho de verse obligada a convivir en el departamento llamado “de las Damas “j unto a la nueva favorita, la marquesa de Montespán. Esta, aún más prolífica, tuvo 8 hijos naturales.
Naturalmente tantos pequeños bastardos en el Palacio, necesariamente debían contar con un aya, la viuda Scarrón, más tarde nombrada marquesa de Maitenon. Educara 12hijos ajenos es un acto que merece el cielo, pero Mme. de Maitenon se contentó con la tierra, y en secreto se casó con el Rey a la muerte de María Teresa, a pesar de llevarle cerca de 5 años.
Este acto de humildad hizo soñar a millones de sirvientitas con su príncipe azul propio y reivindicó al Rey Sol ante la posteridad.
El Palacio se comenzó a construir en el año 1661 por Le Vau, Le Brun y Le Notre, cuando el rey apenas contaba 23 años. El mismo coordinaba los planos, hacía sugerencias y fundamentalmente inspeccionaba frecuentemente el avance
de las obras. Lo cual es otra lección para la posteridad que quiere construirse su propia casa.