Viaje Nueva york

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Emerja del Waldorf y disfrute de la mirada codiciosa de los turistas que no poseen esta guía y tal vez lo confundan con algún famoso que se aloja en dicho hotel. Luego tome por Park Avenue hacia la derecha hasta llegara lacalle 59. Allí notará que hacia la derecha la 59 se continúa en el Queens boro Bridge que une Manhattan con Queens pasando por encima de la pequeña Isla Roosevelt (un paraíso donde prácticamente no hay automóviles por la dificultad en llegar a ella). De todos modos usted deberá torcer a la izquierda por la calle 59, bordeando el CENTRAL PARK (una de las zonas más exclusivas de la ciudad) para llegar hasta el Columbus Circle. El turista atlético podrá recorrer las seis cuadras que lo separan del East River, asomarse por el puente y observar Roosevelt Island, regresando luego al punto de partida, caminando otras seis cuadras. Sospechamos que usted no pertenece a esta categoría de modo que lo encontraremos esperándonos pacientemente en Columbus Circle.

De Columbus Circle tomará hacia la derecha por Broadway hasta la calle 64 donde se eleva el LINCOLN CENTER que
habrá que recorrer. Este centro cultural incluye entre otras salas al famoso Metropolitan Opera House. Vea las dos notables obras de Chagal I que decoran el vestíbulo. Claro que el verdadero espectáculo es verlo todo iluminado por la noche cuando hav función, ñero como usted probablemente decidió comprarse una entrada para “Cats” o “‘Les miserables“, se lo va a perder.
Ahora deberá regresar sintiéndose justamente culpable por su frivolidad, a lo largo de Broadway hasta la calle 42. En la confluencia de ambas se halla TIMES SQUARE, uno de los puntos más transitados del mundo. Como se sabe en New York hay más judíos que en Israel, más irlandeses que en toda Irlanda, más italianos que en la mayoríade las ciudades italianas y probablemente más punguistas también, así que tenga cuidado. Frente a usted se eleva la torre del Marriott. Si quiere estimular su complejo de inferioridad y sentirse verdaderamente una hormiga, entre en el lobby que tiene la altura de todo el edificio. Aunque las escasas cuadras recorridas no lo justifican, se le permitirá un descanso en la cafetería del Octavo Piso, desde donde podrá disfrutar de una hermosa vista, tomando un refresco o un café aguado.

En Nueva York

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Ahora, doblando hacia la izquierda en forma perpendicular a la 5a Ave., se recorrerá la calle 34 en dirección a East River. Se cruzan Madison Ave., Park Ave. (si no se cruzan es porque usted agarró hacia la derecha en lugar de la izquierda), y luego de recorrer unas siete cuadras se llega a la ESTACIÓN DE HELICÓPTEROS en East River y la 34. Hay varios tours (3,5 o 10 minutos). No se enloquezca y contrate el de 5 minutos porque es su primer día de viaje y el dinero no crece en los árboles. El espectáculo de New York en helicóptero es indescriptible y aunque no es un paseo barato, vale la pena cualquier sacrificio hacerlo.
Una vez aligerado de unos 40 dólares, tomará por la 1 st. Ave a la derecha para dirigirse al edificio de la NACIONES UNIDAS, que se encuentra entre las calles 42 y 47. Entre y métase en una visita guiada (en español).
Terminada la visita usted se dará cuenta (o no) de que está a escasas cinco cuadras de su hotel, pero no se ilusione: la tarde es joven aún. Así que regrese hasta la calle 42 y camine por ella en la única dirección posible (en la otra está el agua) hasta la 3a Ave. Allí se eleva el edificio “CHRYSLER“. Habrá que visitar el lobby “art-decó” y, en caso de que anochezca, subir a la torre para ver cómo se encienden las luces de la ciudad. Por lo demás, la vista es parecida a la que se disfruta del Empire State. Salga del Chrysler y -cruzando la Av. Lexington– se topará con el edificio de la Pan-Am y la GRAND CENTRAL STATION. Entre en la Estación y recupere el aliento mirando al mundo de gente que hormiguea por el lugar. Ahora se le permitirá arrastrarse hasta su hotel (que -presumiblemente- está sólo a unas 8 cuadras de la Estación). Felices sueños. A menos que quiera ir a algún lado por la noche. En ese caso, si usted es un turista esquemático, puede dirigirse al boliche donde toca el saxo Woody Allen, a un par de cuadras de su hotel. Es un lugar carísimo y siempre está lleno. Pero no. Usted es un hombre de suerte. Entró y consiguió mesa enseguida. ¿Porqué será? Seguramente porque esta noche –Woody Allen– está resfriado y no va a aparecer. Así que pague, con dolor, su suculenta cuenta y vayase a dormir en paz.